12 diciembre 2004

 

El día que salté al césped del Bernabéu


Empezamos a cruzar el campo, de portería a portería...

El día que salté al césped del Bernabéu, fue porque se estaba desalojando al público debido a una amenaza de bomba realizada en nombre de ETA al diario Gara.

Faltaban 3 minutos para que finalizara el encuentro, no había sido un mal partido, cuando, como de costumbre, nos disponíamos a abandonar nuestros asientos antes de tiempo para evitar el atasco de salida. Fila cuatro, fondo norte. Al llegar al final del pasillo, perdón por las molestias a todos los que solemos incomodar, noté que algo no era normal. Más gente de la habitual se iba antes de tiempo a casa, sobre todo teniendo en cuenta que el partido no estaba decidido, empate a uno. Una mirada al palco acrecentó mis dudas, allí había espantada general. El árbitro pita e indica a los jugadores el camino de los vestuarios. La megafonía empieza a funcionar. “Se ruega al público que desaloge el estadio. Por favor, guarden la calma y abandonen el estadio en orden.” Enciendo la radio, no aporta ninguna novedad, sólo las mismas hipótesis que todos estábamos haciendo.

Nos encontrábamos al final de la escalera, o al principio, no sé donde empiezan las escaleras. Para ser más preciso diré que estábamos en la parte más baja de la escalera. El público puesto en pie buscaba la salida más cercana, de modo que la escalera estaba colapsada y nadie se movía. Comuniqué a mi novia y a su madre que me parecía más sensato quedarnos donde estábamos, a apenas 4 o 5 metros del verde, que meternos entre tanta gente. Con indiferencia del motivo del desalojo me pareció más seguro el rectángulo que la perspectiva de verme rodeado de cientos de personas que en cualquier momento pueden provocar una avalancha debido al pánico. Un minuto más tarde, ayudaba a mi suegra a saltar por encima de la valla de publicidad electrónica, para seguir a continuación el mismo camino. A mi novia le prestó ayuda algún desconocido porque cuando pisé al otro lado ya estaba allí, cogiéndome del brazo y con carita preocupada.

Empezamos a cruzar el campo, de portería a portería. Las circustancias no impidieran que intentara no perder detalle. No todos los días uno disfruta de semejantes perspectivas.

CONTINUARÁ...
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Para empezar, a modo de cita, un comienzo inolvidable...

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Lolita, light of my life, fire of my loins. My sin, my soul. Lo-lee-ta: the tip of the tongue taking a trip of three steps down the palate to tap, at three, on the teeth. Lo. Lee. Ta.

She was Lo, plain Lo, in the morning, standing four feet ten in one sock. She was Lola in slacks. She was Dolly at school. She was Dolores on the dotted line. But in my arms she was always Lolita.

Did she have a precursor? She did, indeed she did. In point of fact, there might have been no Lolita at all had I not loved, one summer, a certain initial girl-child. In a princedom by the sea. Oh when? About as many years before Lolita was born as my age was that summer. You can always count on a murderer for a fancy prose style.

Ladies and gentlemen of the jury, exhibit number one is what the seraphs, the misinformed, simple, noble-winged seraphs, envied. Look at this tangle of thorns


Vladimir Nabokov “Lolita”


Seguramente una de las mejores novelas jamás escritas, y posiblemente el mejor comienzo de un libro.

A continuación la traducción al castellano:

Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos desde el borde para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo.Li.Ta.

Era Lo, sencillamente Lo, por la mañana, un metro cuarenta y ocho de estatura con pies descalzos. Era Lola con pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuando firmaba. Pero en mis brazos era siempre Lolita
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